"Los poderosos siempre lo han sabido. La reincorporación de los excluídos entrañana una reducción de sus privilegios. Por eso a los excluídos que tomaban conciencia de su exclusión se los trataba de herejes, cualesquiera fuesen sus doctrinas. En cuanto a estos, hasta tal punto los cegaba el hecho de su exclusión que realmente no tenían interés por doctrina alguna. En esto consiste la ilusión de la herejía. Cualquiera es hereje, cualquiera es ortodoxo. No importa la fe que ofrece determinado movimiento, sino la esperanza que propone. Las herejías son siempre expresión del hecho concreto de que existen excluídos. Si rascas un poco la superficie de la herejía, siempre aparecerá el leproso. Y lo único que se busca al luchar contra la herejía es asegurarse de que el leproso siga siendo tal. En cuanto a los leprosos, ¿que quieres pedirles? ¿Que sean capaces de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto? (...) Estos son juegos para nosotros, que somos hombres de doctrina. Los simples tienen otros problemas. Y fíjate que nunca consiguen resolverlos. Por eso se convierten en herejes"
Este fragmento de la novela "El nombre de la rosa" de Umberto Eco me parece apropiadísimo para los tiempos que se viven.
El lunes lo comentamos...
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viernes, 12 de agosto de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
Sonó Vargas
Ayer no más dijimos que era absolutamente posible y hasta deseable que Mario Vargas Llosa abriera la Feria del Libro, porque su tenor como escritor supera en valor su antagonismo con las ideas del Gobierno (esta afirmación conlleva una discusión mucho más grande de cuál es esa ideología del Gobierno, cómo la demuestra, etc, etc, pero no podemos darla aquí).
Ahora Vargas Llosa dijo: "Voy lo mismo" ¡Obvio!
Premio al inoportuno para quienes levantaron la perdiz antes de tiempo. Si Vargas Llosa abría la Feria sin publicidad, quizás sus críticas aparecieran en los medios, en un rincón, en una nota bien adentro del diario. Horacio González y quienes se quejaron junto con él lograron el cometido de los medios opositores: ahora va ser titular en diarios, canales de noticias, etc. El discurso tendrá extensa cobertura.
De hecho, miren esta perlita: La Nación titula "El único veto que recibí en la Argentina fue de una dictadura militar". Sin embargo, el encomillado del título no está en el cuerpo de la nota. Es periodísticamente bastante incorrecto, al menos. Además, es el único diario que usa esa frase, hasta ahora. Sospechoso, pero muy ilustrativo del fogoneo mediático del que hablamos en el párrafo anterior; fogoneo contraproducente, claro.
Además, posiblemente, Vargas Llosa baje más línea de la que tenía pensada bajar en su discurso, con una altura tan suya que va a ser difícil responderle.
Fuerte el aplauso, che!
PD: Dato para el Gobierno: pídanle a algunos muchachos y muchachas kirchneristas que, por este año, no los ayuden más. Así está bien, gracias.
EX POST: Minutouno.com también usa la frase de La Nación, y la encomilla en el cuerpo de la nota. Será error periodístico de LN, entonces...
Ahora Vargas Llosa dijo: "Voy lo mismo" ¡Obvio!
Premio al inoportuno para quienes levantaron la perdiz antes de tiempo. Si Vargas Llosa abría la Feria sin publicidad, quizás sus críticas aparecieran en los medios, en un rincón, en una nota bien adentro del diario. Horacio González y quienes se quejaron junto con él lograron el cometido de los medios opositores: ahora va ser titular en diarios, canales de noticias, etc. El discurso tendrá extensa cobertura.
De hecho, miren esta perlita: La Nación titula "El único veto que recibí en la Argentina fue de una dictadura militar". Sin embargo, el encomillado del título no está en el cuerpo de la nota. Es periodísticamente bastante incorrecto, al menos. Además, es el único diario que usa esa frase, hasta ahora. Sospechoso, pero muy ilustrativo del fogoneo mediático del que hablamos en el párrafo anterior; fogoneo contraproducente, claro.
Además, posiblemente, Vargas Llosa baje más línea de la que tenía pensada bajar en su discurso, con una altura tan suya que va a ser difícil responderle.
Fuerte el aplauso, che!
PD: Dato para el Gobierno: pídanle a algunos muchachos y muchachas kirchneristas que, por este año, no los ayuden más. Así está bien, gracias.
EX POST: Minutouno.com también usa la frase de La Nación, y la encomilla en el cuerpo de la nota. Será error periodístico de LN, entonces...
miércoles, 2 de marzo de 2011
Dejen sonar a Vargas
Salimos del sopor bloggero. Disculpen ustedes, queridos lectores.
Volvemos para hablar de Mario Vargas Llosa, y de su participación en la Feria del Libro. Acá en la Varietè creemos que Vargas Llosa puede inaugurar la Feria si lo desea, sin drama. Porque es un gran escritor. El Premio Nobel viene como consecuencia de esto (recuerden, de paso, que hubo algunos premiados que son seriamente cuestionados).
Alfredo Leuco (que nos cae más o menos) djio algo cierto: es innegable la talla del peruano como escritor. Así que en una Feria del Libro, es ideal. Obvio, seguramente va a bajar línea. Y en todo caso si dice cosas ofensivas, se le puede responder desde los espacios que se crea conveniente.
Hasta acá todo lindo.
Ahora: inaugura la Feria del Libro. No las sesiones ordinarias. Está bien que Vargas Llosa sea de derecha, que sea un neo liberal, y eso. Es todo cierto. Jamás lo querría de presidente, ponele. Pero en la Feria del Libro? Seee, que vaya. Todo bien.
Y no me vengan con que si inaugura la Feria va a salir la crítica al gobierno en todos los diarios ¿O acaso no salen las críticas de De Ángeli, Alfonsín, Cobos, Macri, y tantos otros, todos menos talentosos e infinitamente mediocres, como si eso importara? Al menos, si es así, que critique alguien que sabe.
Un profesor de teorías políticas de la universidad decía que él era comunista, y que si tenía que discutir, discutía de Sábato para arriba. Y Fito Páez pide "enemigos a la altura del conflicto". Vargas Llosa es de esos, amigos.
Volvemos para hablar de Mario Vargas Llosa, y de su participación en la Feria del Libro. Acá en la Varietè creemos que Vargas Llosa puede inaugurar la Feria si lo desea, sin drama. Porque es un gran escritor. El Premio Nobel viene como consecuencia de esto (recuerden, de paso, que hubo algunos premiados que son seriamente cuestionados).
Alfredo Leuco (que nos cae más o menos) djio algo cierto: es innegable la talla del peruano como escritor. Así que en una Feria del Libro, es ideal. Obvio, seguramente va a bajar línea. Y en todo caso si dice cosas ofensivas, se le puede responder desde los espacios que se crea conveniente.
Hasta acá todo lindo.
Ahora: inaugura la Feria del Libro. No las sesiones ordinarias. Está bien que Vargas Llosa sea de derecha, que sea un neo liberal, y eso. Es todo cierto. Jamás lo querría de presidente, ponele. Pero en la Feria del Libro? Seee, que vaya. Todo bien.
Y no me vengan con que si inaugura la Feria va a salir la crítica al gobierno en todos los diarios ¿O acaso no salen las críticas de De Ángeli, Alfonsín, Cobos, Macri, y tantos otros, todos menos talentosos e infinitamente mediocres, como si eso importara? Al menos, si es así, que critique alguien que sabe.
Un profesor de teorías políticas de la universidad decía que él era comunista, y que si tenía que discutir, discutía de Sábato para arriba. Y Fito Páez pide "enemigos a la altura del conflicto". Vargas Llosa es de esos, amigos.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Paisaje del infierno
Leyendo "los desnudos y los muertos" de Norman Mailer, encuentro algunas definiciones del ejercito:
" El soldado es tanto mas eficas cuanto mas bajo ha sido su nivel de vida en el pasado"
"El ejercito nunca funciona mejor que cuando cada hombre tiene miedo del que esta arriba y desprecia al que esta abajo".
Y eso que no llegue ni a la mitad...
(Disculpen las faltas; mi blackberry es vieja)
" El soldado es tanto mas eficas cuanto mas bajo ha sido su nivel de vida en el pasado"
"El ejercito nunca funciona mejor que cuando cada hombre tiene miedo del que esta arriba y desprecia al que esta abajo".
Y eso que no llegue ni a la mitad...
(Disculpen las faltas; mi blackberry es vieja)
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Esperar

Las maderas podridas de los barcos viejos siguen ahí. La seda, los jazmines, la pretendida pureza que intenta ocultarlas no las esconde y, en cambio, hace más incierto el dolor.
El agua marrón todavía lame el viejo cemento sobre el cual todos se levantan. Los hierros olvidados de buques, antes briosos, roen hoy el agua a la luz de infinitos rascacielos.
El cielo no vive en esta ciudad. Ese cielo que alguna vez vimos, de pendejos, en la ventana de la pieza, se fue. Dejó en su lugar un cadaver celeste, un cuerpo maquillado en un cajón de edificios.
Las almas de los marinos también duelen en esta ciudad. Los que alguna vez rompieron sus naves en la costa hoy vigilan atentos la derrota de unas personas demasiado anestesiadas para vivir. Inconcientes del destino que las acecha, que espera.
Foto
viernes, 18 de junio de 2010
Don José

José de Sousa Saramago no terminó la escuela secundaria. Sus padres no podían pagarla. Así que José trabajó, desde los 12, en una herrería. Y mientras tanto se leyó una biblioteca pública completa.
Después de su primera novela, por 20 años abandonó la literatura. «Sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar»
Afortunadamente, volvió.
"La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva".
"Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay"
"No te pido que me lo cuentes todo, tienes derecho a guardar tus secretos, con una única e irrenunciable excepción, aquellos de los que dependa tu vida, tu futuro, tu felicidad, ésos quiero saberlos, tengo derecho, y tú no me lo puedes negar"
"Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista; tienes que leer."
Hoy lo perdemos de vuelta. Gracias, José.
jueves, 15 de abril de 2010
Camaleones y sorpresas
A veces la vida te sorprende. A veces la gente lo hace.
Una profesora de literatura del colegio secundario adonde estudié y en el que trabajé durante mucho tiempo, me regaló, cuando terminé mi carrera de periodismo, un pequeño libro de un autor que hasta el momento era para mi totalmente desconocido.
El título era, de por si, atractivo: "Obras completas (y otros cuentos)". El autor, guatemalteco, es Augusto Monterroso.
Resulta que Augusto Monterroso es un capo. Realmente.
Lo mejor es que otras profesoras y profesores más amigos me hicieron otros regalos, o ninguno. Pero esta profesora que era sólo compañera de trabajo me regaló uno de los mejores regalos que me hayan hecho por todo concepto.
A veces la vida te sorprende, decía. Uno nunca sabe cuándo algo que ya conoce va a cobrar sentido. A veces uno piensa que entendió, hasta que entiende.
Resulta que me crucé con otros libros, y otros cuentos de Monterroso, entre ellos éste que les paso acá abajo, y que entiendo hoy, de nuevo.
El camaleon que finalmente no sabía de que color ponerse
En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.
Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales.
Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.
Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.
Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de que todos estuvieran dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el orden.
Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.
Sólo el León que por entonces era el Presidente de la Selva se reía de unos y de otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por divertirse.
De esa época viene el dicho de que:
Una profesora de literatura del colegio secundario adonde estudié y en el que trabajé durante mucho tiempo, me regaló, cuando terminé mi carrera de periodismo, un pequeño libro de un autor que hasta el momento era para mi totalmente desconocido.
El título era, de por si, atractivo: "Obras completas (y otros cuentos)". El autor, guatemalteco, es Augusto Monterroso.
Resulta que Augusto Monterroso es un capo. Realmente.
Lo mejor es que otras profesoras y profesores más amigos me hicieron otros regalos, o ninguno. Pero esta profesora que era sólo compañera de trabajo me regaló uno de los mejores regalos que me hayan hecho por todo concepto.
A veces la vida te sorprende, decía. Uno nunca sabe cuándo algo que ya conoce va a cobrar sentido. A veces uno piensa que entendió, hasta que entiende.
Resulta que me crucé con otros libros, y otros cuentos de Monterroso, entre ellos éste que les paso acá abajo, y que entiendo hoy, de nuevo.
El camaleon que finalmente no sabía de que color ponerse
En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.
Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales.
Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.
Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.
Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de que todos estuvieran dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el orden.
Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.
Sólo el León que por entonces era el Presidente de la Selva se reía de unos y de otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por divertirse.
De esa época viene el dicho de que:
Todo Camaleón es según el color
del cristal con que se mira.
del cristal con que se mira.
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