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lunes, 30 de mayo de 2011

Kirchner brand

Primero que nada, recomiendo fervientemente esta nota de Naomi Klein, realmente espectacular, esclarecedora, y sin esos recovecos intelectualoides. Genial.

Yo la terminé de leer recién aunque es del año pasado. Y, aparentemente las casualidades no existen, porque antes que esta había leído la nota de hoy de Pagni en la Nación. En esa nota, Charlie repite varias veces un concepto, que yo sintetizo por él con una de sus frases: "Cristina Kirchner, legataria del liderazgo de su esposo, es invencible. La Casa Rosada repetirá el axioma hasta el cansancio".

Klein dice algo parecido de Obama. Si leen la nota (en inglés) se van a dar cuenta de que Obama es más un producto político del branding que un verdadero motor de cambio.

Aquí marchan aclaraciones para todos. A los kirchneristas, que me están puteando porque opinan que el kirchnerismo sí fue motor de cambio, les concedo que hay ciertas cosas que cambiaron en los últimos 10 años. Pero muchos de los slogans K no están ni cerca de cumplirse.

Para los anti kirchneristas, que compraron rapidito el discurso del slogan vacío, aguanten. Como dije arriba, hay cosas que si cambiaron, y que no hubiesen cambiado de otro modo. Y además, los cambios se vienen produciendo a nivel subcontinental, no solamente acá.

Puteenme si quieren. Para eso está el blog

viernes, 28 de mayo de 2010

El marketing del sentido común


Económicamente hablando, agregar valor a una materia prima es una maniobra deseable. Uno toma algo que existe naturalmente (pongamos, trigo) y lo especializa, produce o modifica de tal manera que ya no se trata del producto al natural, sino con algún proceso extra (pongamos, harina de trigo). De hecho, se trata de un proceso que se discute mucho por estos días, porque vender trigo genera menos ganancias que vender la harina (esto es un modelo teórico; no tengo cálculos de si da más ganancia exactamente).

Bien, hasta aquí de acuerdo. Ahora ¿qué pasa con los productos culturales? ¿Lo mismo? Uno podría decir que los productos culturales no se encuentran en estado, digamos, "natural". Que son construcciones de por sí.

Bueno, he aquí el marketing del sentido común. Ejemplo: un tipo que tira consejos acerca de que si que no decirle a las mujeres. O un sitio web que tiene, entre otros, el top ten de tips para volverse irresistible. Me atengo a estos ejemplos, pero pueden encontrar muchísimos más.

Algunas de las cosas que no se le pueden decir a una mujer son "con cuantos tipos te acostaste?", "adónde vamos hoy a la noche?" o "me das un beso?", por ejemplo. De acuerdo con el chabón, se trata de "mostrar seguridad" (son frases que yo suelo usar; ahora entiendo todo).

En cambio, hay que olvidarse de los tipos anteriores, armar plan ('vamos a la pizzería, negra'), y partirle la boca, sin mayores preámbulos.

¿Cuál es la diferencia entre como él lo dice, y como se los transcribo yo? Bueno, el marketing. El tipo tiene un sitio y varios libros de consejos para citas, es opinólogo en cuanto sitio web aparece, y hasta se cambió el nombre y se puso uno de ascendencia italiana. Es una clase de marketing, sin dudas.

En definitiva: el sentido es común, pero si le agregás un sitio web, un libro, un nuevo nombre y otras cosillas más, se vuelve un negocio.