Mostrando entradas con la etiqueta tango. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tango. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de octubre de 2009

Cantora

La Negra es tierra. Es barro, guitarra y lágrima. Es bombo, mujer, ruiseñor.
Es todo el folclore en una sola garganta.
Es una estrella de rock.
Es tango, es chacarera, es dúo.
Es todas las cantantes en una sola cantante.
Es León Gieco, Joan Báez , Pavarotti, Gardel, Charly García.
Es Borges, Fontanarrosa, Olmedo, Benedetti.

Que se nos haya ido no va a cambiar nada de eso.

domingo, 19 de abril de 2009

Gloomy Sunday

"El juguete rabioso" es una novela de uno de los autores más geniales que han pasado por este mundo. Roberto Arlt la escribió en las Sierras de Córdoba en los primeros años de la década de 1920, pero se publicó en 1926.
Leer a Arlt es, casi, indispensable. Es una Argentina distinta, es algo hermoso. Tiene mucho barrio, mucha descripción de una Argentina popular, que hasta ese momento no había tenido lugar en las letras. Es realmente crudo, porque las clases populares nunca la pasan del todo bien.
Prefiero no abundar con Arlt. Es mucho más lindo si lo descubren ustedes.

Por eso, el Gloomy Sunday lo tiene a él no como protagonista, sino como motivador. Agregamos un tango/canción (qué más) llamado precisamente, "Juguete Rabioso", compuesto por Acho Estol e interpretado por "La Chicana", banda que lidera en voz Dolores Solá, la hermana del ex gobernador y adalid del PRO-peronismo.
Ojo, nada de proselitismo; Dolores canta mooy bien, y es de linda...

martes, 11 de diciembre de 2007

Fotos

La horda de viajeros furiosos se apiló en el vagón. La señal sonora, el ruido de las puertas, el movimiento del tren. Oscuridad. El subte seguía su marcha.

La familia constaba de mamá, papá, y dos niños. La nena, de alrededor de 5 años, estaba vestida con un pequeño atuendo tanguero. Pollerita cortita tubo, con tajo en la pierna. Pañuelo rojo y tacones brillosos.

Dos pasajeros se bajaron en la estación. Uno de los lugares libres lo ocupó la tanguerita.

En el otro se sentó una señora. Tenía muchísimos años (quizás 200), pero conservaba entre todas esas arrugas una mirada inquieta, vivaz, pletóricamente azul.

Las dos miradas, la niña y la señora, la juventud y la experiencia, se cruzaron en una sola cosa, durante brevísimos y milagrosos instantes. Ambas sonrieron.

El hechizo se rompió con una nueva horda, una nueva señal, y la oscuridad omnipresente.