Habitualmente, la desconfianza es vista como algo malo, mientras que la confianza es la buena de la dupla. A esto se suma que la desconfianza se antoja ilógica o caprichosa, mientras que la confianza es noble, copada, sensata. Digamos que en una película, la confianza se queda con la chica y el tesoro, mientras que la desconfianza es el malvado que termina entre rejas.
En serio?
Yo conozco muuucha gente que confía en cosas irrisorias, de un modo casi insensato. Cuántas parejas conocen uds en las que uno o los dos miembros son harto cornudos, y confían plenamente en el otro? Cuántas veces votaron a un político que les prometió exactamente aquello que no iba a cumplir? Ejemplos abundan. La confianza no es tan aplomada como dicen.
Y la desconfianza, muchachos, suele ser signo de prudencia. No me hagan dar ejemplos. Están claros.
Creo que confiar o no confiar, más allá de algún dato empírico, son decisiones. Uno elige confiar, o no, y luego acomoda la realidad a eso. Creer o no creer; reventar o no reventar.
Por eso escuchemos a Norberto, que siempre supo la posta.
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sábado, 30 de octubre de 2010
miércoles, 27 de febrero de 2008
Fotos
El subte, otra vez, explotaba de gente. Los asientos llenos de gerentes, empleados, trabajadores, estudiantes y tantos más con los seños fruncidos, los ojos cansados y el semblante perdido. El calor se apoderaba de todos, y cualquier pequeño e inevitable roce era considerado una potencial afrenta.
La madre sostenía a su chico en brazos. El nene (estimo que era un nene) no parecía entender nada de lo que sucedía. En realidad, cualquiera que se pusiera a pensar dos minutos tampoco iba a entender. Su mamá charlaba animadamente con otra mujer, que viajaba parada.
En una parada subió una mujer. Era joven, tendría tal vez unos 25/30 años. Enseguida dirigió su mirada hacia el niño, y sonrió. El nene seguía sin entender demasiado; simplemente se dedicaba a observar, atónito, el recorrido.
Cuando la mujer bajó del subte, saludó al niño, que seguía sentadito, sin pestañar casi, y dijo "Que Dios lo bendiga", mirando a la madre.
A cualquiera de los que viajamos en subte nos va a costar salir de la sorpresa, ¿no?
La madre sostenía a su chico en brazos. El nene (estimo que era un nene) no parecía entender nada de lo que sucedía. En realidad, cualquiera que se pusiera a pensar dos minutos tampoco iba a entender. Su mamá charlaba animadamente con otra mujer, que viajaba parada.
En una parada subió una mujer. Era joven, tendría tal vez unos 25/30 años. Enseguida dirigió su mirada hacia el niño, y sonrió. El nene seguía sin entender demasiado; simplemente se dedicaba a observar, atónito, el recorrido.
Cuando la mujer bajó del subte, saludó al niño, que seguía sentadito, sin pestañar casi, y dijo "Que Dios lo bendiga", mirando a la madre.
A cualquiera de los que viajamos en subte nos va a costar salir de la sorpresa, ¿no?
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