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viernes, 1 de octubre de 2010

Felicidad

El inventor de la felicidad tenía cierto cinismo, hay que reconocerlo. El tipo (o la tipa, no se me pongan así) sabía que iba a ser necesario que la pasáramos mal, para pasarla bien.

Ok, mis seguidores católicos me dirán que nos la buscamos, por comer del árbol que no nos correspondía. Esa historia me suena cada vez menos... y las otras religiones no tienen nada mucho mejor, por lo poco que se.

Digo entonces, todos los felices fueron alguna vez desdichados. Por ejemplo, yo ahora soy feliz en términos generales (gran frase para anticipar que ahora mismo no lo soy), pero ahora mismo no lo soy. Por que? No viene mucho al caso.

Uno empieza a pensar esas giladas cuando está solo y quiere estar acompañado. No, Ariel?

viernes, 27 de noviembre de 2009

Buenos Aires

Ruido. Ruido de autos que viajan fastidiados, con dueños fastidiados, con vidas fastidiadas.
Luces. Luces que titilan sin sentido, sin color, sin humor.
La patrulla rodea la plaza. El oficial mira el reloj, apurado. Urgido.
Arriba las nubes también se olvidan de todo y se van hacia otro lado, en busca de un cielo menos apremiante, menos furioso.
Corriendo pasa un hombre con su perro. Una vuelta.
Yo no puedo sacarme esa sensación de que las cosas están sucediendo en otro lugar. Que esta ciudad ya no quiere saber lo que le pasa. Que soporta lo que le sucede, encerrada en un destino que la arrastra, que la enamora, que la viola y la protege. Que la hace.
Corriendo pasa un hombre con su perro. Otra vuelta.
Los árboles no quieren enterarse y miran hacia arriba, silbando su melodía de hojas arremolinadas por el viento.
Corriendo habrá pasado el hombre, en todavía otra vuelta. Pero ya no lo veo. Mi tren está cerca.