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martes, 1 de septiembre de 2015

Elon Musk, Marte y la paternidad

Encontré un blog muy interesante. Se llama "Wait but Why", cuya traducción sería "Pará, pero... por qué?".

Es un site interesante, digo, porque intenta poner temas que van desde lo súper complejo, como la Inteligencia Artficial, hasta lo súper simple, como "10 tipos de amistades extrañas en las que seguramente estás envuelto". Todavía lo estoy investigando, pero me parece recomendable desde el vamos.

Ahora bien, tiene una serie de posts sobre Elon Musk. Quién es este muchacho? Bueno, para eso está el link. Los muchachos de WBW lo llaman "el tipo más radical del mundo". Si leen el link se me ocurre que van a ver por qué.

Los muchachos del site le hicieron una serie de entrevistas al tipo, y decidieron explicar varios de los temas en los que Musk está metido. Puntualmente, los automóviles eléctricos, y la tecnología espacial.

Les recomiendo fervientemente a quienes están interesados en estos temas y a quienes no tanto, que lean detenidamente los posts. Si, están en inglés. Y si, son técnicos. Y laaaaargos. Pero valen la pena.

Ahora bien, me llamó especialmente la atención la parte en la que describen la colonización de Marte. Particularmente, el (poco) tiempo que van a tardar en hacerlo. El objetivo de Musk es poner 1 millón de personas en Marte. Viviendo. Permanentemente. Y el tipo supone que puede llegar a suceder tranquilamente en éste siglo - digamos, 2070.

Anticipo que muchos dirán "Este es otro loco trasnochado que piensa que viajar a Marte es como tomar la Lujanera hasta Mercedes". Bueno, digamos que de todos los potenciales locos trasnochados, Musk es el que tiene el menor porcentaje de "trasnochabilidad". Si se puede no sospechar de alguien, ese alguien es este muchacho. Sin dudas el post es optimista. Pero, si bien es increíble, no suena descabellado.

En fin, no vengo tampoco a defender a nadie, simplemente cuento que, en el interín de mi lectura, me puse a pensar en mi vida. En las repercusiones que la colonización de Marte pueden tener en mi vida. En 2070 voy a tener 92 años (obvio, voy a estar vivo). Pero, en 2040 voy a tener 62. Quizás no llegue a ver el millón, pero si veré a unos cuantos changos flotando sobre un fondo naranja-rojizo. Sin dudas veré al Neil Armstrong marciano.

Sin embargo pensé en mi progenie. Mi hija, en 2070, va a tener 56 años. Pero en 2040 va a tener 26. Será, sin dudas, el tiempo en el que ella empiece a planear su vida, sus metas. Cómo será hacer semejante cosa teniendo dos planetas para elegir? ¿ Cómo me tomaré, a mis 62 años, que mi hija, de 26, me diga "Viejo, me voy a vivir y laburar a Marte"? "Si querés conocer a tus nietos tenés que viajar a OTRO FUCKIN PLANETA".

Nuestros padres (hablo de los baby boomers, las generaciones de la post guerra, digamos) tuvieron con nosotros un sopapo de modernidad. De repente tener un televisor era ser millonario, y de repente ves tele en el celular. O en el tren. De repente la operadora tenía que comunicarte, y de repente hablás y mirás a tu amigo que vive en Bahía Blanca, Tailandia o la Antártida. Y así.

¿Será comparable al sopapo que tendremos nosotros? ¿Y mi hija con mis nietos? Vale pensar que el avance de la tecnología será exponencial.

Creo que la pregunta es: ¿cómo carajo hago para preparar a mi hija para su futuro?

Sospecho que es una pregunta que se han hecho los padres desde tiempos inmemoriales. Y creo que más allá de las incalculables novedades que nos esperan, ciertas cosas se repetirán por siempre.

Pero sospecho también que, si los muchachos de WBW tienen razón, nos la vamos a ver en figurines...


miércoles, 28 de mayo de 2014

Decisiones digitales






(crédito de la foto



Voy a ser papá. Quizás este es el dato que debí haberles dado en el último regreso del blog. Sepan disculpar.

La cosa de esperar un hijo... bueno, en realidad no la sé. La sabré cuando esto pase, tal el funcionamiento de la experiencia. Pero haciendo futurología puedo decir que la cosa de esperar un hijo es que uno asume la responsabilidad de tomar decisiones que, de un modo mucho más tangible que hasta entonces, repercutirán en su vida (la del hijo).

Hasta ahora los destinos que uno elegía coleteaban en no muchas más personas, ni de una manera tan drástica. En todo caso, si uno moqueaba los otros tenían albedríos propios con los que defenderse. (No le estoy sacando el cuerpo a la empatía; intento establecer una comparación)

Sin embargo, ahí está uno, conduciendo ahora los destinos de un bicho indefenso como el que más en la creación, con las mismas armas con las que uno viene conduciendo su vida hasta entonces, que no son muchas.

Inquietante, sin dudas. Muy inquietante.

Imagino que a lo largo del desarrollo de la humanidad algunas cuestiones que atemorizan a los padres se habrán mantenido (la madre de la Edad Media diciéndole a su marido "mi hijo es trovador y no caballero, ¿que hicimos mal, viejo?), pero otras se modifican.

Larga introducción para llegar al quid: la "presencia digital" o "digital footprint".

(Digresión: la traducción de "digital footprint" es "huella digital". Pero, claro, en español la huella digital es otra cosa. Agradecemos a los señores lectores que nos acerquen el neologismo aceptado si existe. Mientras tanto, vamos con "presencia digital").

Esto no es una crítica a los padres que suben fotos de sus hijos a Facebook, Twitter. Flick, Foursquare o cualquier otro sitio que así lo permita. Como dije, cada uno hace lo que puede. Pero no puedo evitar preguntarme si empezar a subir fotos en Internet de una persona que no tiene aún capacidad de digerir comida sólida es prudente. Se trata de fotos que las redes sociales podrán utilizar aún si uno se baja, aún si decide convertirse en ermitaño e irse a vivir a San Marcos Sierra, o lo que sea.

En otra época, las fotos de personajes indeseables se tiraban o se escondían en cajas para nunca más salir (en una época, niños, las fotos se imprimían en papel. Y sacar más de 36 salía mucha plata). Hoy se googlea y ya.

Cualquier adulto está capacitado para entender este riesgo y manejarlo. Si es privado, no lo subas, y viceversa. Ahora, ¿un niño que no puede ir sólo al baño?

La presencia digital no me parece una pavada. Y creo que una de mis primeras decisiones como padre es que mi futuro hijo va a tener en sus manos la decisión de subir cosas a Internet cuando pueda hacerlo. (Claro, entonces se abrirá una nueva discusión, en la cuál tendré que supervisar lo que sube, aprender a guiarlo, e ir permitiéndole acceder a los contenidos apropiados para su edad; paso a paso, amigos)

Mi señora y yo venimos evitando subir fotos de la panza, y nos limitamos a fotografiar escarpines y practicunas, en un ejercicio simbólico (gracias Peirce).

¿Ustedes creen que estoy siendo demasiado paranoico?